𝟏:𝟐𝟎 𝐚.𝐦.

lady of the sea,
2 min readJan 16, 2020

Pienso en grande, en el universo, y me siento tan pequeña.

Yo, polvillo restante de alguna, ya olvidada, supernova. Yo, tan minúscula e insignificante en este vasto sistema. Yo… ¿Qué merezco? ¿Cuál es la felicidad que reclamo y tanto anhelo? ¿Con qué derecho? Esa misma que deseo fervientemente a quien me conoce y al que no, al de la esquina, al que me mira, al que me lee… ¿Qué he hecho de bueno para desearla a gritos? Para romper en llanto y maldecir al destino, los astros, la filosofía y el diablo.

Sal de mí, tristeza infinita. Déjame tranquila.

“¿Y si le canto una canción de cuna acabará, dormirá mil años, desfallecerá?”

Mi luz la has desvanecido, mi llanto has bebido, mis gritos ahogado, y mis ganas de desaparecer te han alimentado. Dime ya, ¿qué más quieres de mí?

Apágate, melancolía. Déjame tranquila.

“Por si la maldita lluvia fuera poco, encima este frío de mierda.”

Me ahogo cada día más y a plena luz día; a la vista de todos. Tanto a las cuatro de la tarde mientras toman el café, a las nueve de la mañana en su ajetreo diario, como a la una con veinte de la madrugada en la tercera ronda de shots… ahí estoy, soy yo. El pequeño estallido insonoro, el polvo de la estrella que ya no soy, ni seré. El antes proclamado ser de luz.

“¿Qué tal?” “Nada, todo bien.” Te miento, le miento, les miento, nos miento… me miento.

Me aferro a lo poco que me saca una sonrisa, a lo que mantiene el huracán dentro. Lo siento.

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lady of the sea,

Resurgir de mi propio mal sin arrancarme las alas. Alma torna(sol).